Perfil del contratante vs el buen diseño gráfico

El artículo 63 de la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público se queda corto en materia de transparencia. Este artículo establece los datos que las administraciones deben publicar en el Perfil del Contratante sí o sí. A partir de ahí, si quieren publicar más, pueden hacerlo. Sin embargo, el debate de si se debe publicar más o solo lo que establece el artículo 63 lo dejamos para el próximo mes. Ahora centrémonos en el diseño. Sí, el diseño.

La Plataforma de Contratación del Sector Público, y el Perfil del Contratante incluido en ella, son de difícil digestión. Quien entre ahí buscando información y transparencia puede acabar arrancándose los pelos de desesperación. Hace poco visité el palacio de Bureta y, al ver el árbol genealógico realizado por el cronista Juan Bautista Lavaña sobre los fundadores y príncipes de la monarquía española (les remito a la fotografía de este post), pensé: “esto es infumable”; “bonito, sí, pero menudo lío de ramas y ramificaciones hay aquí”. Sin embargo, este árbol genealógico no es nada comparable a la Plataforma de Contratación del Sector Público.

Aunque se pueda pensar que esta plataforma es ¿cómo decirlo? el lugar de reunión entre la Administración y las empresas para tratar de lo suyo, en realidad debería ser el lugar de reunión de todas las personas que quieran entrar a ver qué está pasando con el dinero público. Y, para eso, la plataforma necesitaría de un cambio de imagen urgente, donde los caminos para llegar a la información estuvieran bien claros e iluminados, con áreas de descanso y agradables paisajes. Desgraciadamente, cambiar esta realidad es misión imposible mientras España no entre en el siglo XXI de una vez.

Por eso, tal vez la esperanza esté en los portales de transparencia y en los perfiles del contratante de los propios sitios web de las administraciones públicas que sí crean en la transparencia bien hecha, y no servida de cualquier forma. Es justamente en estos sitios donde se podría dar ejemplo de lo que hace una buena gestión de la transparencia junto con un diseño simple pero atractivo, exento de ruido y laberintos. En deparenpar.org, estamos trabajando en un proyecto con el que aspiramos a demostrar que se puede dar transparencia en la contratación sin volver loco al personal. Un reto no tan difícil para las administraciones, si quisieran. Y, claro, querer es priorizar.

1, 2, 3, 4…y hasta 27.

Hoy entra en vigor la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público, por la que se transponen al ordenamiento jurídico español las Directivas del Parlamento Europeo y del Consejo 2014/23/UE y 2014/24/UE, de 26 de febrero de 2014. Es decir, que es una ley de las importantes, de esas que según se redacten pueden ser, o no, decisivas en la lucha contra la corrupción en este país. Y, como siempre decimos, qué mejor manera de ponérselo difícil a las personas que malversan dinero público que exigiendo transparencia en los contratos que adjudican las administraciones españolas. Pero transparencia a lo grande, sin miedo, sin quedarse a medio camino ni hacer demagogia con ella para engatusar al personal. Así que la pregunta es ¿hay transparencia a lo grande en esta norma?.

Bueno, para empezar, la nueva ley que estrenamos asegura que su primer objetivo es lograr una mayor transparencia en la contratación pública. Y aunque esta prioridad parece una buena noticia, lo cierto es que solo habla de “una mayor transparencia”, lo que significa que no ofrece toda la que podría. Y así es. En la mayoría de los artículos donde aparece la palabra transparencia, solo adquiere el papel de coletilla, tic, o estribillo, sin más.

Las palabras transparencia,transparentes y transparente aparecen en la nueva ley un total de 27 veces. Pocas, para una norma de 347 artículos, 53 disposiciones adicionales, 5 disposiciones transitorias, y 16 disposiciones finales; pero esto es lo que pasa cuando se habla de cualquier cosa en términos generales, sin concretar ni tomarse lo suficientemente en serio la transparencia. Un ejemplo es el artículo 64, donde se dice que los órganos de contratación deben tomar las medidas adecuadas para luchar contra la corrupción y garantizar la transparencia en el procedimiento. ¿Y qué pasa si el ayuntamiento de turno no lo hace?. O ¿qué ocurre si no se cumple con el artículo 210 en materia medioambiental, social o laboral? Pues no pasa nada. Y así con otros artículos.

Poco a poco iremos analizando la nueva ley de contratación pública para ver qué nivel exacto de transparencia hay en los artículos más relevantes. Pero, como ya se ha publicado en varias ocasiones desde que el Congreso de los Diputados aprobara esta norma el pasado mes de noviembre, la ley no apuesta por la transparencia en mayúsculas.

 

 

 

 

Un proyecto para Jánovas

Hoy, en DE PAR EN PAR celebramos la realización de nuestro segundo proyecto altruista, en el que hemos puesto nuestro trabajo y nuestro cariño. Se trata de la elaboración de una página web para el pueblo de Jánovas (Huesca), expropiado en los años 60 para realizar un pantano que nunca se llegó a construir. La injusticia que padecieron los vecinos y vecinas de Jánovas, el sufrimiento por el que pasaron, su valentía y resistencia, y su esperanza por volver a su pueblo algún día son las razones por las que decidimos invertir parte de nuestros ingresos anuales en la web www.janovas.org.

La web recoge la historia que padeció este pueblo, y queremos que se convierta en un fondo documental de Jánovas; en una página viva que se alimente del interés de la gente por conocer qué pasó en ese precioso enclave de la comarca del Sobrarbe, para que no vuelva a suceder nunca más o, al menos, para que sirva de inspiración. Hemos invertido, no solo dinero, sino también tiempo en la recopilación de datos, en la elaboración de los textos, y en entrevistas. Ahora, la página pasa a ser de la gente de Jánovas, para que sea, esperemos, un lugar de encuentro y una puerta por la que todo aquel que quiera saber y ayudar pueda hacerlo.

Agradecemos a la Fundación San Miguel de Jánovas su ayuda, así como a todas las personas que nos han echado una mano a la hora de reconstruir la historia. También a Codek Studio, empresa que se ha encargado del diseño y programación de la web. Su buen hacer ya ha tenido la primera recompensa: uno de los premios internacionales más reconocidos en el mundo del diseño y la programación web. (http://www.radiohuesca.com/noticia/600334/Janovas-estrena-web-con-premio-al-diseno-y-a-la-solidaridad).

 

Los tentáculos del ladrillo (y III)

Los tentáculos corruptos del Urbanismo son alargados y trabajan de muy diferentes maneras. Por ejemplo, llenando de dinero los bolsillos de políticos, funcionarios, especuladores, y gente a la que hay que callar; manejando a su antojo las leyes; aprovechándose de la lentitud de la justicia; amenazando y chantajeando; quitando importancia a los delitos y las malas prácticas con el aval de la impunidad social y electoral; y, por supuesto, evitando la transparencia. Y es que, como dice Alejandro Nieto en Balada de la Ley y la Justicia: “Lo que aquí sucede es que detrás de la fachada del Derecho urbanístico vive y triunfa un gigantesco negocio urbanístico”.

Precisamente en este libro Nieto analiza varios casos de corrupción urbanística, entre los que destaca el que comenzó en los años 90 en Sant Cugat del Vallés (provincia de Barcelona) para facilitar a la farmacéutica alemana BIESA su instalación en el municipio. Con el fin de favorecerla, el ayuntamiento realizó una reparcelación a su medida cometiendo ilegalidades e incluyendo una permuta sospechosamente irregular para dar a BIESA “a precio de saldo” el terreno que necesitaba para construir sus laboratorios.

Todo lo que hizo el ayuntamiento de Sant Cugat del Vallés fue en connivencia con la Generalitat. Y a pesar de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anuló por dos veces cuanto hicieron estas dos instituciones públicas, ninguna rectificó. Las obras empezaron, terminaron y, para más descaro, los laboratorios fueron inaugurados por los reyes de España. “La impunidad es el mejor caldo de cultivo para la ilegalidad y la corrupción. Si el alcalde (de Sant Cugat del Vallés) ha visto cómo sus abusos no sólo eran censurados sino que eran respaldados por autoridades superiores, es explicable que no sintiera el más mínimo interés por rectificar”, dice Nieto en su libro.

En este caso de BIESA trabajaron, en mayor o menor medida, todos los tentáculos enunciados al principio, siendo uno de los más avispados el que se aprovechó de la lentitud de la justicia.

La corrupción en el urbanismo es el pan de cada día, y cada vez salen más casos a la luz, todos ellos tan complejos y opacos que son verdaderas tramas criminales. Pero, a pesar de esto, la transparencia sigue siendo la asignatura pendiente en los procesos urbanísticos, aun siendo cada vez más necesaria. Porque como dice Nieto: “El ayuntamiento provoca opacidad y con ella el desconcierto del ciudadano, al que coloca en una penosa situación de ignorancia y, por ende, de inferioridad”. Y sigue: “El ayuntamiento puede delimitar un polígono grande o pequeño, mas tiene que explicar por qué lo hace. El ayuntamiento puede incluir o excluir una determinada finca, pero ha de exponer las razones de su decisión. El ayuntamiento puede adjudicar todo el suelo industrial a un solo propietario, pero ha de justificar por qué lo ha hecho”.

 

 

Por un urbanismo sano (II)

La elaboración de instrumentos de planificación urbanística, así como sus modificaciones, tendrían que pasar por un proceso en el que cada paso significativo hacia su aprobación fuera transparente y se publicara con la máxima claridad posible en los sitios web de las administraciones públicas.

Aunque puede resultar engorroso para un ayuntamiento tener que pensar a conciencia cómo organizar en internet la publicación de las cuestiones relativas al urbanismo, lo cierto es que eso no debería ser una excusa, ya que se trata de una de las tareas pendientes más importantes en transparencia que hay en este país.

Las razones por las que los grupos políticos con responsabilidad de gobierno no se ponen manos a la obra son varias. Entre ellas, claro está, destaca la más obvia: algunos tienen mucho que esconder, corrupciones que ocultar, malas prácticas que enterrar. Pero también los hay que, aun queriendo ser totalmente honestos en materia urbanística, no creen que sea prioritario publicar los procesos, ya que ¿quién va a entrar a las página web para ‘tragarse’ documentos urbanísticos? ¿Acaso el urbanismo les va a proporcionar ‘visitas masivas’ de personas ávidas por saber? Por lo tanto, ¿para qué invertir esfuerzo en cambiar las cosas?

A los responsables políticos que piensen así habría que recordarles que no son cadenas de televisión buscando productos basura que les den audiencia. Son trabajadores por cuenta ajena que deben rendir cuentas a la ciudadanía que les paga su sueldo, y ofrecer una detallada información de sus actividades, sobre todo las que son de interés general, facilitando lo máximo posible el acceso a ella. Simplemente, deben hacerlo.

Está claro que organizar qué información urbanística se tiene que publicar en internet, cómo atender con calidad las dudas de la ciudadanía, qué procesos participativos abrir, y cómo mantener actualizada la información son asuntos complicados y es probable que, por mucho que se trabaje en ello, no se llegue a la perfección. Pero son labores urgentes que hay que acometer de una vez por todas desde los ayuntamientos. Solo así podremos disfrutar de un urbanismo más sano.

 

 

La mala cara del cemento (I)

Que el urbanismo es nido permanente de la corrupción pública y las malas prácticas no lo duda nadie a estas alturas. Las modificaciones de los planeamientos, las recalificaciones del suelo, la concesión de licencias, los convenios urbanísticos… son tentaciones demasiado suculentas como para aprovecharse de ellas en beneficio propio. Sobre todo porque tienen cómplices extremadamente poderosos: leyes engorrosas y laberínticas, justicia lenta y permisiva, instituciones públicas que no cumplen sentencias.

El cemento tiene muchas malas caras, sí, y entre ellas la firma de convenios convenientemente consensuados entre las administraciones públicas y los promotores para repartir beneficios ilícitos. Por este motivo, hoy destacamos la enorme barrera a la que se enfrenta la sociedad para participar en el proceso de la formalización de convenios.

Para empezar, vamos a recordar que ya el artículo 5 del Real Decreto Legislativo 7/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Suelo y Rehabilitación Urbana establece que la ciudadanía tiene derecho a “participar efectivamente en los procedimientos de elaboración y aprobación de cualesquiera instrumentos de ordenación del territorio o de ordenación y ejecución urbanísticas y de su evaluación ambiental mediante la formulación de alegaciones, observaciones, propuestas, reclamaciones y quejas y a obtener de la Administración una respuesta motivada, conforme a la legislación reguladora del régimen jurídico de dicha Administración y del procedimiento de que se trate”.

Sin embargo, para que la sociedad pueda ejercer este derecho tiene que conocer, a priori, todos los datos relacionados. Desgraciadamente, la Ley de Transparencia no establece la obligatoriedad de publicarlos antes de su aprobación. Tan solo en su artículo 8 determina que se deben publicar los convenios suscritos (aquí no nombra convenios urbanísticos, sino convenios en general), con las partes firmantes, el objeto, el plazo de duración, las modificaciones realizadas, los obligados a la realización de las prestaciones y las obligaciones convenidas. Es decir, se pueden publicar los convenios a toro pasado y solo con unos pocos datos.

En definitiva, la transparencia, sin ser la varita mágica que todo lo puede, debe aplicarse igualmente en los convenios urbanísticos, abriendo la participación ciudadana de par en par, demostrando así que no hay nada que esconder.

 

 

 

 

 

“¿Y si contraatacamos con transparencia absoluta?”

A la hora de la verdad, transparencia la justa. Esta es la máxima de casi todas las personas con responsabilidad de gobernar en las instituciones públicas españolas. Por una parte, el ejercicio de honestidad que deben hacer las que llevan siglos en la política tiene tantas consecuencias incómodas, que son muy pocas las que se atreven a dar el paso, a empezar de cero, a hacer borrón y cuenta nueva. Y por otra, las que llegan de nuevas a la Administración se encuentran con tantos impedimentos, tanta desidia e inercia, que tampoco son capaces de sacar fuerzas de su inexperiencia para cambiar las cosas.

Pero está claro que si se quiere avanzar en transparencia solo es posible tomando decisiones y llevándolas a la práctica, moleste a quien moleste, incluso si a quien se molesta es a uno mismo o a una misma. Así de sencillo… y de complicado. Porque para llevarlas a la práctica se necesitan políticos y políticas que no solo sean valientes, sino también inteligentes, buenos estrategas, y que se crean de verdad que la ciudadanía tiene derecho a controlar a sus gobernantes. Más o menos como Birgitte Nyborg, la protagonista de Borgen, esa serie política de culto que tanto ha encandilado a la gente. Al contrario de lo que pasa en las administraciones públicas españolas, la máxima de esa Primera Ministra danesa de ficción es: “¿Y si contraatacamos con transparencia absoluta? (…). Que esté todo disponible en la web”.

Ojalá esta idea saltara de la pantalla y se convirtiera en realidad. En DEPARENPAR.ORG estamos convencidos de que ese es el camino a seguir.

 

El funcionariado también puede emprender

Hace días, el actor español Antonio Banderas afirmaba en una entrevista lo siguiente: “Con un 75% de gente que quiere ser funcionaria no se hace país. Se hace país con gente que se la juega”. El actor se posicionaba así a favor de las personas con espíritu emprendedor y en contra de las que solo aspiran a ser funcionarias.

Y es que en España ser funcionario o funcionaria es, todavía, sinónimo de inmovilismo, desidia, e incluso amargura. No vamos a ocultar que en el trabajo de asesoramiento en cláusulas sociales y transparencia que DE PAR EN PAR desarrolla en las administraciones públicas nos hemos encontrado con funcionarios y funcionarias paralizados y que paralizan. De hecho, os remito a este post en el que dejábamos constancia de esta experiencia.

Sin embargo, y al hilo de la opinión de Antonio Banderas, afirmamos que el funcionariado también puede emprender. Emprender desde dentro, desde las administraciones en las que trabajan, para, de esta forma, poder cambiarlas y sacudirlas hasta que no quede en ellas ni una mota de ese vetusto polvo que las empaña.

En DE PAR EN PAR no creemos que ser funcionario o funcionaria esté reñido con el emprendimiento. Es cierto que cambiar las cosas en las administraciones requiere mucho trabajo, valentía, y un sentido del servicio público muy arraigado, pero es posible.

Afortunadamente, dentro del cuerpo funcionarial de este país conocemos a personas con ese afán emprendedor. Con esas ganas de luchar para hacer que la gestión pública sea ejemplar; que la transparencia sea real, y no un mero titular para lograr votos; y que la contratación socialmente responsable sea una rutina, no una excepción.

 

 

El lenguaje también debe ser transparente

La falta de transparencia que ejercen las administraciones públicas (ya sea deliberadamente o por desidia o miedo) no solo afecta a asuntos tan importantes como la contratación, el reparto de subvenciones o la gestión de los servicios públicos. Esa falta de transparencia también se da en el lenguaje que se utiliza para redactar leyes, normas, reglamentos, planes, pliegos, y demás documentos públicos.

En DE PAR EN PAR entendemos que para ciertas personas con responsabilidad política resulte apabullante que ahora les vengan con que la transparencia no es cumplir con los cuatro datos que les indica la ley, sino que deben hacer mucho más, como por ejemplo una puesta a punto en tecnología y diseño web y elaborar documentos con un lenguaje llano.

Pero desde aquí les animamos a que lo intenten. No es complicado. Solo es cuestión de principios: ¿crees realmente en la transparencia? ¿respetas de verdad el derecho a la información de los ciudadanos y ciudadanas de tu ciudad o pueblo? ¿apuestas por hacer accesible la información de una manera clara? Si has respondido sí a estas cuestiones, empieza a hacerlo.

Ponemos como ejemplo una gran iniciativa de la Diputación de Bizkaia, con la ayuda de Lectura Fácil Euskadi, que consiste en adaptar el lenguaje de los textos normativos a uno que lo entienda todo el mundo. Esta administración ha empezado por transformar la Norma Foral de Transparencia (Ver aquí la noticia) en un documento inteligible para un segmento de la población hasta ahora olvidado. Porque, ¿de qué sirve publicar información si esta no es comprensible para todas las personas? Desde aquí felicitamos a la Diputación de Bizcaia por esta determinación, y animamos a otras administraciones a que sigan su ejemplo.

Que se haga la luz

‘El camino hacia la transparencia y el buen gobierno en las Administraciones Públicas’ elaborado por KPMG revela que el 62% de las personas con responsabilidad pública encuestadas asegura que sus respectivas administraciones tienen mecanismos para prevenir y detectar comportamientos corruptos. Unas dicen que en sus administraciones hay órganos de control interno, otras aseguran que lo que tienen son códigos de buena conducta o de buen gobierno, y el tercer grupo indica que con lo que cuentan es con el compromiso de sus jefes y jefas contra el fraude en la gestión de lo público. (VER NOTICIA AQUÍ)

Desgraciadamente, ni los códigos de buena conducta, ni los órganos internos, ni mucho menos los compromisos políticos son garantías. Más bien son algo así como las maravillosas intenciones de Año Nuevo: que si vamos a ir al gimnasio todas las semanas, que si esta vez sí que nos vamos a poner serios y serias con la dieta, que de mañana no pasa que nos apuntemos a un curso de inglés… En definitiva, que los planes contra la corrupción quedan muy bien sobre papel para presentarlos en rueda de prensa a los medios de comunicación, pero otra cosa es cumplirlos.

Así que menos hablar y más hacer. Para acabar con las malas prácticas políticas y funcionariales (sin meter en el mismo saco, claro está, a todas las personas políticas y funcionarias) no hay nada como encender la luz y colgar el cartel de ‘Pasen y vean’. En la misma noticia sobre la encuesta hecha por KPMG se menciona a Norberto Bobbio y su idea de que la democracia es la gestión de lo público, en público. Y en DE PAR EN PAR no podemos estar más de acuerdo. Las administraciones públicas deben ejercer sus funciones en una caja de cristal con buena iluminación (es decir, en sus sitios web), y apostar por una transparencia en su gestión que acabe con las sospechas y los rincones en sombras. Eso sí que sería un mecanismo de control real y una señal de respeto a la ciudadanía. Lo demás, papel mojado.