“¿Y si contraatacamos con transparencia absoluta?”

A la hora de la verdad, transparencia la justa. Esta es la máxima de casi todas las personas con responsabilidad de gobernar en las instituciones públicas españolas. Por una parte, el ejercicio de honestidad que deben hacer las que llevan siglos en la política tiene tantas consecuencias incómodas, que son muy pocas las que se atreven a dar el paso, a empezar de cero, a hacer borrón y cuenta nueva. Y por otra, las que llegan de nuevas a la Administración se encuentran con tantos impedimentos, tanta desidia e inercia, que tampoco son capaces de sacar fuerzas de su inexperiencia para cambiar las cosas.

Pero está claro que si se quiere avanzar en transparencia solo es posible tomando decisiones y llevándolas a la práctica, moleste a quien moleste, incluso si a quien se molesta es a uno mismo o a una misma. Así de sencillo… y de complicado. Porque para llevarlas a la práctica se necesitan políticos y políticas que no solo sean valientes, sino también inteligentes, buenos estrategas, y que se crean de verdad que la ciudadanía tiene derecho a controlar a sus gobernantes. Más o menos como Birgitte Nyborg, la protagonista de Borgen, esa serie política de culto que tanto ha encandilado a la gente. Al contrario de lo que pasa en las administraciones públicas españolas, la máxima de esa Primera Ministra danesa de ficción es: “¿Y si contraatacamos con transparencia absoluta? (…). Que esté todo disponible en la web”.

Ojalá esta idea saltara de la pantalla y se convirtiera en realidad. En DEPARENPAR.ORG estamos convencidos de que ese es el camino a seguir.

 

El portal tapiado

Miren la foto. El perrito negro parece haber encontrado un hueco en la parte inferior derecha por el que entrar. Cuando lo vi, y antes de levantar mi cámara y disparar, el animal llevaba ya un rato husmeando por esa pequeña abertura, empecinado en meter el morro a toda costa. Al principio, solo esperaba que saliera de mi encuadre para fotografiar tranquila aquella puerta tapiada; pero luego, pensándolo mejor, decidí hacer la foto justo en el momento en que su dueña tiraba de él para alejarlo de aquella empresa imposible. Y es que no pude resistirme a la asociación de ideas que me vino a la cabeza: el Portal de Transparencia del Gobierno de España (transparencia.gob.es) se parece mucho a la puerta de la foto que encabeza este artículo. Tiene forma de portal, pero está tapiado. Al menos, así lo califico yo después de mi experiencia:

La primera vez que intenté ejercer mi derecho a la información, estuve semanas viendo cómo al entrar en ‘Ir al derecho de acceso’ y luego en ‘Comenzar’, me salía lo siguiente: ‘Error, ha ocurrido un error. Por favor, vuélvalo a intentarlo’. Después de no sé cuántas veces intentándolo, un buen día el Portal de Transparencia me dejó ir a la siguiente página. Allí se me anunciaba que tenía cuatro formas de pedir información : con un DNI electrónico (no tengo); con una clave PIN (no tengo); con una clave permanente (no tengo); y la cuarta era para el resto de ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea (bueno, no para todos y todas, solo para aquellas personas que estaban identificadas en sus países a través de la plataforma STORK). Visto y leído todo,eEstaba claro que tenía que conseguir una clave PIN o una clave permanente, y a ello me puse. Desgraciadamente, además de ser un proceso engorroso en el que no solo tenía que dar mi nombre, sino también mi DNI, en ambos casos se me obligaba a dar mi número de cuenta corriente.

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Imagen del Portal de Transparencia del Gobierno de España donde se muestra el momento en que se solicita la cuenta bancaria para acceder al derecho de información.

 

En resumen, creí que me iba a encontrar un portal abierto de par en par, pero con lo que me topé fue con un resquicio que apenas me daba para meter una mano. Porque para ejercer mi derecho a la información tenía que solicitar una carta de invitación para que se me diera de alta en el ‘Sistema Clave’. Una vez recibida la carta, debía localizar mi ‘Código Seguro de Verificación’ y entrar en la sede electrónica de la Agencia Tributaria, donde se me pedían datos como mi DNI, mi cuenta bancaria y mi teléfono móvil. Y no solo eso. También tuve que lidiar con mensajes como el mencionado ‘Error, ha ocurrido un error. Por favor, vuélvalo a intentarlo’ y ‘El portal de transparencia no se encuentra disponible en estos momentos’.

En fin, todo un proceso que, lejos de facilitar el acceso, lo que hace es poner piedras en el camino. La transparencia de las administraciones públicas no es tal si el acceso a la información, que es un derecho fundamental, no es sencillo y de rápida respuesta. Afortunadamente, estas dos características, que no las entiende el Gobierno de España, sí han sido asumidas por otras instituciones, como por ejemplo el Consejo General del Poder Judicial, que suministra información sin necesidad de que la persona que la solicite se identifique. Todo un ejemplo de transparencia y respeto a la ciudadanía.